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Definido como una reacción de adaptación del organismo frente a una situación vivida como nueva, imprevista, agresiva o amenazadora, el estrés puede tener efectos muy perjudiciales sobre el organismo y la salud, advierten desde PiLeJe, el laboratorio francés especializado en microbiota, micronutrición y fitoterapia.
El otoño es la época en la que suele aumentar la sensación de fatiga, la apatía y el estrés, sobre todo ante el cambio horario. Anna Coderch, psicóloga y colaboradora de PiLeJe, explica que “bajo el efecto del estrés actuamos más reactivamente porque activamos lo que llamamos el sistema de supervivencia o el estado de alerta.
Este estado provoca la disminución de la conectividad con la corteza prefrontal, encargada de los procesos cognitivos superiores que son los responsables de la toma de decisiones, la resolución de problemas, la memoria… Por este motivo, podríamos decir que en estado de estrés no estamos disponibles para tomar “buenas decisiones”. Pero ¿qué sucede con nuestra salud cuando los episodios de estrés se prolongan en el tiempo?
Según cuenta Anna Coderch, psicóloga y colaboradora de PiLeJe, “el estrés prolongado genera un desequilibrio en todas las áreas: física, emocional, mental y social”. Entre otras muchas consecuencias, sufrir estrés de manera constante puede provocar el envejecimiento prematuro de las células. Cuando estamos en este estado, tenemos una mayor producción de sustancias como el cortisol o la segregación continuada de epinefrina, también conocida como adrenalina, que afecta directamente al proceso de envejecimiento, acelerándolo.
El estrés amplifica el proceso de oxidación del cuerpo, acelerando el envejecimiento de las células, provocando:
· Aparición de arrugas y surcos
· Sequedad de la piel
· Flacidez y pérdida de luminosidad
· Problemas cutáneos como el acné
Del mismo modo, nuestro pelo también sufre las consecuencias del estrés, además de la típica caída estacional, habitual en otoño. Las canas son uno de los síntomas más habituales vinculados al envejecimiento capilar, junto con la disminución de grosor de los folículos pilosos, lo que implica:
· Pérdida de densidad y volumen capilar
· Mayor fragilidad del pelo y posibilidad de rotura
· Sequedad y pérdida de brillo a largo plazo
Si hay un micronutriente que debe priorizarse en caso de estrés y fatiga, es el magnesio. El magnesio es un mineral indispensable para el buen funcionamiento del organismo, y está implicado en más de 300 reacciones biológicas como la transmisión nerviosa, la relajación muscular o la protección de las membranas celulares. Su déficit empeora la reactividad al estrés, en cambio, un aporte óptimo disminuye la secreción de las hormonas, los mensajeros del estrés y, sobre todo, interviene en la relajación muscular.
Desde PiLeje se recomiendan diferentes vías para optimizar el aporte de magnesio:
· Gestión del estrés a través del yoga o la sofrología
· Seguir una dieta equilibrada en la que se priorice el agua mineral y los alimentos ricos en magnesio (almendras, nueces, avellanas, arroz y pan integral, gambas…)
· Además de una buena alimentación, el uso de complementos alimenticios ricos en magnesio puede ser útil para combatir esta deficiencia. Se recomienda optar por los que contienen vitamina B6, puesto a que ayuda al magnesio a entrar en la célula.
Otra alternativa para la gestión efectiva del estrés es recurrir a la fitoterapia, haciendo uso de plantas medicinales que presentan la capacidad de aumentar la resistencia global del organismo de manera inespecífica, facilitando una respuesta adecuada frente al estrés. Algunos ejemplos son:
Desde PiLeje se determina que una forma efectiva de beneficiarse de las propiedades de estas plantas puede ser el uso de complementos que las incorporen como principal componente.